Las implicaciones de la filosofía paracaidista

Lo acepto, en un post anterior me declaré partidaria de una filosofía que ante los ojos de muchos es equivalente a Hakuna Matata. En cierto sentido existe similitud, pues si el argumento se lleva al extremo y se confía a ciegas en que el paracaídas casi siempre se abre,  parece no tener ningún sentido la planeación. Para no caer en un argumento extremista, me gustaría matizar un poco algunas implicaciones de la filosofía paracaidista.

Imagínense que hay tres grupos de personas que no se pueden comunicar entre sí. Si al primer grupo se le pidiera calificar la planeación como positiva o negativa, podría esperarse que la mayoría contestara en términos positivos. Si al segundo grupo se le pidiera calificar la espontaneidad, podría esperarse que la mayoría contestara en términos positivos también. Pero si al tercer grupo se le pidiera escoger entre planeación o espontaneidad, podría no encontrarse una preferencia clara en las respuestas.

Y es que cuando se planea absolutamente todo, la vida se vuelve aburrida. Acostumbrarse a dominar cada pensamiento, cada reacción y cada sentimiento  obliga a sacrificar la espontaneidad, que al final es una ventanita de la autenticidad. En cambio, cuando todo en la vida se vuelve espontaneo, se corre el riesgo de nunca llegar a algo concreto y acabado por falta de planeación.

Alguien que está todo el tiempo arreglado, maquillado y relamido, es eso: un disfraz eterno que no deja ver quién es; una persona distante, de mil máscaras y quizás poco noble. Alguien que no se baña, no se arregla y no se preocupa por cómo se ve es por el contrario una persona relajada y sin filtros, pero descuidada. Y la falta de cuidado jamás podrá tener connotación positiva.

El arte de la filosofía paracaidista es encontrar un equilibrio, contextualizar: hay que acostumbrarse a usar el sentido común para saber cuándo planear y cuando improvisar. Adoro encontrarme a personas que se peinan, se pintan y se visten de largo para ir a una fiesta, pero que se mueren de la risa en un sillón tomando café al día siguiente sin una sola gota de maquillaje y con el pelo despeinado.

Entonces, ¿estar maquillados o desaliñados? Qué incómodas son las personas que se duermen con traje y corbata o que se van a una fiesta en pijamas. Y no menos incómodas son las personas que en una plática casual de viernes en la noche con amigos miden cada palabra y estudian cada gesto o que en una reunión de trabajo no tienen ningún tipo de filtro y dicen absolutamente todo lo que pasa por sus cabezas.

Es cierto que existen algunas personas [hermosas] que se ven despampanantes recién levantadas y con el pelo desaliñado, y que cuando se arreglan sólo aumentan su solemnidad y no su belleza. También es cierto que existen algunas personas [brillantes] con la cabeza tan amueblada que de sus palabras sólo brota sabiduría, y que sin necesidad de planear sus ideas son absolutamente estructuradas. También es cierto que ambos casos son la excepción más que la regla.

Seamos hermosos y brillantes o busquemos espontaneidad en la planeación y planeación en la espontaneidad.

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2 respuestas a “¿Planeación o espontaneidad?”

  1. Avatar de Por fin: Curso de Redes Sociales! « Excel y Otros Consejos

    […] Fueron cuatro semanas intensas de lecturas muy interesantes, conferencias, chats, sesiones de preguntas y respuestas, tutoriales, conocer a mis compañeritos, romperme la cabeza con desafíos semanales, planear, ser espontánea… […]

  2. Avatar de Dentro y Fuera: el cuento de una tarde « Excel y Otros Consejos

    […] lo terminé se lo enseñé a mi papá. Era tan rebuscado que no le gustó, aunque no me dijo: lo vi en sus ojos. Pensó que era una historia de amor y […]

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